A

Pedro Alberto Cruz Sánchez: Enrique Veganzones”

La Razón, Murcia, 1 de abril de 2005

No es casual que la exposición que, en la actualidad, presenta Enrique Veganzones en la Galería Art Nueve lleve el sugerente título de “La pausa”: la sobrecogedora economía de medios que caracteriza a cada una de sus obras, así como la reducción del proceso compositivo a la aplicación de una fórmula sencilla que consiste en dividir la superficie pictórica en dos o tres áreas de color plano, convierten sus cuadros en una suerte de “paréntesis visual”, en el que la mirada se descubre. En efecto, no se dice nada nuevo si se anota que, en un momento como el presente, en el que la densidad icónica que tiene que soportar el individuo a diario es infinitamente superior a la de cualquier otro periodo, la mirada se muestra más débil e impotente que nunca, más alejada de la visión, de las imágenes, de lo que jamás hubiera podido pensar. En palabras e Laurent Gerverau, la actual es una época caracterizada por la “polución visual”, por la constatación de “una proliferación sin precedentes, de una acumulación generalizada, de una multiplicación industrial más allá de toda matriz”. Asistimos, por así decirlo, a una “descualificación generalizada” de las imágenes, en virtud de la cual ya no importa lo que veamos porque todo nos parece similar: carente de sentido y vacío de emotividad alguna.

Ante un panorama como el ahora descrito, la propuesta realizada por Veganzones pasa por transformar la antedicha “densidad icónica” en una “gravedad saludable”, por medio de la cual la mirada sea devuelta al ámbito de lo visual –esto es, que la mirada promueva “su encuentro” en el acto de percibir las imágenes-. Partiendo de presupuestos formales que derivan de lo que se podría denominar como la “posmodernidad ascética” –recuérdese, por ejemplo, la obra de Sean Scully-, y subvirtiendo sutilmente los presupuestos estéticos sobre los que descansó el formalismo defendido “ad nauseam” por el modernismo norteamericano, Veganzones efectúa una “recalificación de la mirada”, para la cual elabora toda su producción sobre una consigna muy precisa: el retorno a lo esencial, a una pintura que torna la máxima de la abundancia en la carencia, en la de una pobreza voluntaria de medios que ofrece a la visión un elemento diferencial en el que sustraerse a la circulación vertiginosa y desjerarquizada de imágenes. La “pausa” a la que se refiere Veganzones en el título de la muestra no es otra que la generada por la confrontación de la mirada con lo diferente de la pintura, con el “desgarro ecológico”, depurador, que ésta provoca en la uniforme y omniabarcadora superficie de la “pantalla global” contemporánea.